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Contra todo estereotipo de pasividad, las mujeres indígenas en el sector informal en el estado de Nuevo León se consolidaron como las principales proveedoras de sus hogares, desafiando la precariedad económica mediante redes de apoyo comunitario y una autonomía financiera que transformó su entorno social.

Así lo constató la alumna Cristina Guadalupe Flores Leal, quien presentó el Proyecto de Innovación y Cambio El capital social como estrategia ante barreras físicas, psicológicas y sociales que enfrentan las mujeres indígenas trabajadoras del sector informal en Nuevo León, para la obtención del grado de Maestría en Administración de la Escuela de Negocios de la Universidad de Monterrey en el semestre Otoño 2025. El trabajo tuvo como directora de tesis a la profesora Karina Elizabeth Sánchez Moreno.
La investigación identificó que las trabajadoras enfrentaron barreras físicas críticas, tales como la falta de espacios de venta y recursos financieros. Estas limitaciones afectaron directamente la seguridad alimentaria y el bienestar de sus núcleos familiares.
No obstante, los hallazgos evidenciaron una ausencia total de dependencia económica respecto a sus parejas. Las participantes actuaron como figuras centrales en la generación de ingresos, demostrando una notable capacidad de decisión en condiciones estructurales adversas.
La investigadora observó que las mujeres asumieron el rol de proveedoras con un profundo sentido de dignidad personal. Lejos de verlo como una limitante, integraron el trabajo económico como una función esencial de su maternidad.
“Están muy orgullosas de ser trabajadoras y proveer a sus familias. Vimos que son mujeres muy luchonas, que buscan que su trabajo sea recompensado”, explicó Flores Leal sobre la actitud de las participantes.
BARRERAS PSICOLÓGICAS Y SOCIALES
En el plano psicológico, el estudio detectó obstáculos como la baja autoestima y dificultades lingüísticas. Dichos factores restringieron su participación social y limitaron la construcción de vínculos más allá de su círculo familiar más cercano.
A pesar de estas restricciones, los relatos sugirieron que las mujeres ejercieron una agencia constante dentro del ámbito familiar. Ellas organizaron sus tiempos y trabajos de cuidado sin subordinarse a estructuras jerárquicas tradicionales masculinas.
Flores Leal relató que la inexistencia de lugares fijos para el comercio obligó a las mujeres a trabajar en la vía pública. Esta situación desencadenó una serie de problemas secundarios que pusieron en riesgo la integridad de sus hijos.
“Tengo que vender en la vía pública, ¿qué hago con mis hijos? Los expongo al clima o a que se me enfermen; es la punta del iceberg de otros problemas”, advirtió la autora del estudio.
La egresada de la Maestría en Administración de la UDEM destacó la escasez de investigaciones para el tema del emprendimiento de mujeres indígenas.
“Obviamente, es un mundo de información, nos falta todavía analizar. Algo que yo propongo en la investigación es seguir profundizando, al menos en Nuevo León, porque casi no encontré estudios que hubiera en Nuevo León que analizaran este tipo de información”, afirmó.
La profesora Sánchez Moreno explicó que el objetivo del posgrado consiste en formar líderes capaces de innovar mediante iniciativas que integren a poblaciones históricamente invisibilizadas en el ámbito de los negocios estratégicos.
“La población indígena es una población que no es muy considerada en el mundo de los negocios, o sea, como que está muy invisibilizada”, afirmó la catedrática respecto a los hallazgos de la investigación.
Por otro lado, las barreras sociales se manifestaron mediante la reproducción de roles de género tradicionales. Las mujeres priorizaron la maternidad sobre su desarrollo personal, aceptando sacrificios de tiempo como una expectativa socialmente impuesta.
La graduada mencionó que algunas entrevistadas manifestaron sentimientos de inferioridad al interactuar con la población mestiza. Estas barreras psicológicas se agravaron por la discriminación sufrida al utilizar sus lenguas natales en espacios públicos.
“Ellas podían llegar a sentirse como menos persona. Decían: ‘yo no me veía hablando con un mestizo’, enfrentándose a rechazos incluso por su forma de hablar”, señaló Flores Leal sobre los testimonios.
EL CAPITAL SOCIAL COMO ESTRATEGIA
El análisis reveló que las redes familiares operaron como un capital social esencial para la supervivencia. Este apoyo se tradujo en cuidado infantil, solidaridad económica y el acompañamiento emocional necesario para resistir la exclusión.
Respecto al concepto de capital social, la alumna lo definió como el conjunto de recursos relacionales que las mujeres movilizaron para subsistir. Estas redes permitieron intercambios estratégicos de dinero, alimentos y cuidados comunitarios.
“Es el uso de relaciones sociales para obtener mejores oportunidades. Se apoyan principalmente en tres tipos: las redes familiares, las gubernamentales y las asociaciones civiles”, precisó la investigadora egresada de la UDEM.
Las redes gubernamentales, particularmente a través de la Secretaría de Igualdad e Inclusión estatal, permitieron el acceso a recursos específicos. Sin embargo, los testimonios indicaron que persistieron desafíos en la continuidad y accesibilidad de dicha información.
La experta Sánchez Moreno señaló que el trabajo de investigación permitió conocer a profundidad las características sociodemográficas de este sector, facilitando el diseño de modelos económicos que respondieran a las necesidades reales y particulares de las emprendedoras.
“Su producto permite visibilizar estas situaciones y ver desde el área de negocios cómo podemos desarrollar modelos para apoyar a estas emprendedoras”, destacó Sánchez Moreno sobre el impacto del estudio.
Flores Leal admitió que el hallazgo de apoyos estatales efectivos en Nuevo León resultó una sorpresa durante su investigación. Contrastó esta realidad con estudios previos donde la figura gubernamental no aparecía como un recurso estratégico.
“Me sorprendió encontrar temas de instituciones gubernamentales. Esos esfuerzos van en la dirección correcta, aunque todavía falta mucha difusión para que la información llegue efectivamente”, puntualizó la alumna.
Las asociaciones civiles aparecieron como un recurso presente, pero distribuido de forma desigual. Mientras algunas mujeres recibieron capacitación integral y espacios de feria, otras percibieron apoyos intermitentes que no lograron reducir su precariedad económica.
Ante este panorama, el estudio planteó la necesidad de reforzar políticas públicas con pertinencia cultural. Se recomendó asegurar reglas de operación claras y la difusión de programas en lenguas indígenas para garantizar una equidad real.
La directora puntualizó que la formación académica en la institución buscó humanizar el área de negocios, permitiendo que los estudiantes abordaran las problemáticas de grupos vulnerables desde una perspectiva de sostenibilidad social.
“Estamos logrando formar líderes con un sentido humano y este trabajo permite abrir nichos con otros grupos prioritarios que a veces no volteamos a ver”, concluyó Sánchez Moreno.
El estudio confirmó que el capital social fue una estrategia clave para la resistencia de las mujeres indígenas en la entidad. No obstante, su efectividad dependió críticamente de la existencia de redes sólidas y la distribución equitativa de apoyos.
Se recomendó reforzar las políticas públicas con pertinencia cultural y asegurar la difusión de programas en lenguas originarias. Asimismo, se propuso la creación de guarderías comunitarias para facilitar la inserción de las mujeres en trabajos formales.
Asimismo, se propusieron estrategias para habilitar espacios dignos de venta y fomentar la digitalización comercial, mientras que el uso de redes sociales y pagos electrónicos se perfiló como una herramienta para fortalecer la autonomía económica.
CONTEXTO NACIONAL Y DESAFÍOS FUTUROS
A nivel federal, la administración de Claudia Sheinbaum declaró el 2025 como el Año de la Mujer Indígena. El Plan Nacional buscó reivindicar estas identidades y reconocer su papel primordial en la vida pluricultural de México.
Sin embargo, el marco orientador mostró vacíos en la implementación de instrumentos adaptados a contextos socioculturales específicos. La investigación resaltó que la igualdad legal todavía no garantiza una transformación profunda en las condiciones de vida.
El análisis concluyó que, aunque el capital social fue un recurso indispensable, resultó insuficiente para revertir por completo los impactos de las barreras estructurales. La precariedad económica continuó exigiendo una intervención estatal más coordinada.
Este ejercicio académico enriqueció la comprensión de las desigualdades desde una mirada interseccional y se propuso ampliar futuras investigaciones hacia otras comunidades del país para comparar la efectividad de los apoyos asociativos y gubernamentales.
Redacción | El Portal de Monterrey
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