EDITORIAL |
Por: Francisco Zúñiga Esquivel
Los políticos siempre son complicados de entender, porque hablan un lenguaje que generalmente no es de este mundo. O bien nos pintan un mundo feliz, tipo Huxley, o bien, nos enreden en una serie de declaraciones que ya hubiera querido Cantinflas para uno de sus monólogos.
Pero la Presidenta Claudia Scheinbaum es algo especial. Al parecer ella cree que habla con la verdad, porque nunca le dijeron que la franqueza, si bien es valorada, tiene que ser suavizada cuando se trata de actos de Gobierno.
A la vez, mostró debilidad. “Yo no soy Díaz Ordaz”, dijo, para justifica que no metan en cintura a los maestros que protestan por la Ley del ISSSTE de 2007, y de la cual exigen su abrogación.
La alusión a la Matanza de Tlatelolco, que tantos dividendos le ha dado a la izquierda mexicana es evidente. Esa se dio en un contexto similar, previo a un evento mundial, como eran las Olimpiadas de 1968. Eran momentos de pacificar al país para dar una buena imagen, y lo hicieron con el mismo sistema que inventó don Porfirio Díaz.
En honor a la verdad, es imposible saber la gravedad de esos hechos. No hay versión oficial, pero tampoco datos precisos sobre desaparecidos. Parece que nadie se dio a la tarea de rastrear quienes no volvieron nunca a su hogar, y 58 años después, la realidad esta tamizada de leyendas y mitos. Los mexicanos merecemos la verdad del 68, pero no la tenemos.
Nos desviamos del tema. Hablamos de que la presidenta fue clara y tajante. Les dijo que sus protestas no servirán de nada porque derogarla es imposible. Mucha distancia entre las promesas que hizo un día y la realidad.
La franqueza puede convertirse en grosería. Decir las cosas de manera tan cruda termina por ofender, y hoy los maestros se sienten muy ofendidos. Ya comenzaron una ofensiva desde varias partes de la República para protestar.
Es decir, inicia el Mundial, y nuestra presidenta ya va perdiendo 1-0.
¿O será más?
Editoriales | El Portal de Monterrey
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