¿Por qué hoy envejecemos diferente que hace 30 años?

¿Por qué hoy envejecemos diferente que hace 30 años?

SALUD |

Hace tres décadas, cumplir 60 años solía marcar el inicio de una nueva etapa de vida. Para muchas personas significaba el retiro, una reducción de la actividad cotidiana y el inicio inevitable del deterioro físico. En general, se creía que los padecimientos asociados con la edad estaban fuera de nuestro control y que solo podíamos aspirar a que no aparecieran de manera prematura, como si todo quedara al azar. 

Hoy la imagen es distinta. Cada vez es más común encontrar personas mayores de 60 años que dirigen empresas, emprenden proyectos, viajan, practican deporte y mantienen una vida social y de pareja activa.

La explicación va mucho más allá de un cambio cultural: responde, principalmente, a décadas de avances científicos y médicos que transformaron la atención de la salud. El desarrollo de vacunas, antibióticos, nuevas herramientas diagnósticas y tratamientos más eficaces para algunos padecimientos permiten controlar afecciones que, en el pasado, reducían la expectativa de vida de millones de personas.

En el marco del Día Nacional de las Personas Adultas Mayores, esta transformación invita a mirar el envejecimiento desde una perspectiva distinta. Más allá de celebrar esta etapa, la conversación se centra en cómo vivirla con mayor salud y calidad de vida, en especial ante el cambio demográfico que atraviesa el país. México envejece a un ritmo acelerado.

De acuerdo con las Proyecciones de la Población de México del Consejo Nacional de Población (CONAPO), retomadas por el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), la esperanza de vida al nacer alcanzó los 75.5 años en 2024. A su vez, la población adulta mayor supera los 17 millones y continuará en aumento, tanto proporcional como absoluto, durante las próximas décadas. 

Este panorama plantea una nueva pregunta: ¿qué ocurre cuando vivimos más tiempo?. Para el Dr. Javier Coindreau, director del Centro de Ciencias Médicas de la Longevidad, el reto no consiste solo en prolongar la vida, sino en vivir más años con salud y autonomía.

“Hoy sabemos que muchas de las enfermedades asociadas con el envejecimiento comienzan a desarrollarse años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Por eso, el reto ya no está en identificar padecimientos, sino en actuar antes de que se manifiesten y afecten de forma importante la salud y la calidad de vida.” 

Actualmente, también se ha modificado el tipo de enfermedades que representa una mayor amenaza para la salud. Mientras que antes predominaban las infecciosas, desde mediados del siglo XX ocupan un lugar central los padecimientos crónicos, muchos de los cuales requieren tratamiento y seguimiento a largo plazo, lo que favorece su acumulación a lo largo de la vida. 

En México, ocho de cada diez personas de 60 años y más mueren por infarto del corazón, la diabetes mellitus o tumores malignos. A ello se suma el incremento de las demencias, uno de los mayores retos para la salud pública por su impacto en la calidad de vida, la autonomía y los costos de atención. Aunque cada uno de estos padecimientos tiene características particulares, un estilo de vida saludable y la detección oportuna de factores de riesgo pueden contribuir a prevenir su aparición o retrasar su desarrollo. 

“En el Centro de Ciencias Médicas de la Longevidad somos conscientes de que la calidad de vida no depende únicamente de medicamentos o controles de laboratorio, sino de la suma de hábitos sostenidos en el tiempo. Realizar entre 150 y 300 minutos de actividad física moderada por semana, dormir de siete a ocho horas, mantener una alimentación saludable, cuidar la salud emocional y conservar una vida social activa son estrategias que ayudan a reducir el riesgo de enfermedades crónicas y a preservar la calidad de vida conforme envejecemos”, explica el Dr. Javier Coindreau. 

Más que el número de años cumplidos, lo primordial es la capacidad funcional, independencia física y mental, así como el efecto acumulado de la prevención, el diagnóstico oportuno, los tratamientos y los hábitos. Por ello, ya no basta con preguntarnos cuántos años queremos vivir, sino cómo deseamos vivirlos. La respuesta no depende únicamente de la medicina, sino también de decisiones tempranas: atender factores de riesgo, mantener un seguimiento médico y adoptar medidas preventivas. 

Si durante el siglo XX uno de los principales logros de la medicina consistió en aumentar la esperanza de vida, el desafío de este siglo es conseguir que ese tiempo adicional transcurra con salud, autonomía y capacidad para mantener una vida activa. La verdadera revolución de la longevidad ya no consiste solo en vivir más tiempo, sino en vivir mejor. 

Redacción | El Portal de Monterrey