SALUD |
La tasa global de fecundidad en México pasó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024, según los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI. La posibilidad de que quienes hoy están en edad reproductiva lleguen a la vejez con redes familiares más pequeñas abre una conversación sobre cómo se organizarán sus cuidados y con qué apoyo podrán contar.

Esta inquietud puede sentirse especialmente cercana para quienes no contemplan tener hijos, aunque también merece atención entre quienes sí los tienen. El acompañamiento necesita conversarse con las personas de confianza y acordarse según su disponibilidad y circunstancias.
Parte de esa preparación empieza en la salud. Conservar la capacidad de caminar, realizar actividades cotidianas y tomar decisiones influye en la forma de vivir la vejez. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye estas capacidades en su enfoque de envejecimiento saludable y reconoce que dependen tanto de las condiciones físicas y mentales como del entorno.
Cuidar hoy los años que vienen
El término healthspan se refiere al periodo de vida durante el cual una persona se mantiene en buena salud. En la medicina de longevidad, este concepto presta atención a las condiciones que permiten conservar la capacidad de realizar actividades cotidianas y decidir por cuenta propia.
Para evaluar cómo se conservan estas capacidades, se revisan aspectos como la movilidad, la memoria y el estado nutricional. Observar si una persona puede levantarse de una silla o desplazarse sin ayuda permite reconocer dificultades que conviene atender a tiempo.
La salud con la que se llega a la vejez se construye a lo largo de la vida. En ella influyen los hábitos, las enfermedades que se desarrollan y la atención médica que se recibe. Además, factores como la vivienda y las redes de apoyo disponibles también pueden facilitar o dificultar las actividades cotidianas. Por eso, anticipar los cuidados futuros implica revisar qué necesita atención desde hoy.
“La necesidad de ayuda puede aparecer de forma gradual. Si una persona empieza a caminar menos porque se cansa o siente inseguridad, conviene investigar la causa. Esa dificultad puede reducir su actividad física y, con el tiempo, limitar su independencia para tareas cotidianas, como salir a hacer compras por cuenta propia. Detectar estos cambios permite orientar la atención. Sin embargo, también es necesario conocer cómo vive y qué apoyo tiene disponible para que las recomendaciones puedan llevarse a la práctica”, señala el Dr. Sebastián Múzquiz Aguirre, especialista en Medicina Interna del Centro de Ciencias Médicas de la Longevidad (CCML).
Qué hacer desde hoy
Con hijos o sin ellos, preparar la salud para la vejez merece atención. La prevención y el coaching médico pueden ayudar a sostener hábitos que favorezcan la salud y la independencia. Estas acciones ofrecen un punto de partida:
- Revisar los riesgos antes de que aparezcan molestias. Compartir con el médico los antecedentes familiares y los tratamientos actuales permite determinar qué revisiones corresponden según la edad y la historia clínica. En el CCML, se busca identificar estos riesgos de forma temprana y darles seguimiento para ajustar las recomendaciones a las necesidades de cada persona.
- Dar espacio al movimiento en la rutina. Buscar actividades que puedan sostenerse y consultar cómo incorporar ejercicios de fuerza y equilibrio acordes con la salud de cada persona. Si hay dolor o cansancio que dificulta realizarlos, comentarlo en consulta.
- Atender la alimentación y el descanso. Llevar a consulta dificultades como pérdida de apetito o problemas persistentes para dormir, en lugar de asumir que son parte de cumplir años.
- Construir una red de apoyo. Conversar con familiares y amistades sobre qué ayuda podrían ofrecer, y conocer especialistas o servicios de cuidado a los que podamos recurrir. Acordar tareas según la disponibilidad de cada integrante permite anticipar necesidades sin concentrar toda la responsabilidad en una persona.
El apoyo puede ser necesario en distintas etapas, incluso cuando se conserva la independencia. Recibir ayuda debe permitir que la persona siga participando en las decisiones sobre su salud y su vida cotidiana. Compartir sus preferencias de cuidado y revisar los acuerdos cuando cambien sus necesidades ayuda a que ese acompañamiento respete su autonomía.
Redacción | El Portal de Monterrey


