EDITORIAL |
Por: Francisco Zuñiga Esquivel.
El impresionante dispositivo de seguridad en torno a juegos y eventos del mundial 2026 es una de las mayores pruebas de que hemos fallado en materia de seguridad.

No es solamente la necesidad de miles de elementos policiacos y de seguridad privada, también son los dispositivos de seguridad y las medidas qué tendrán que acatar quienes tengan la suerte de acudir a un partido.
En 1986, cuando Monterrey fue subsede del campeonato Mundial de fútbol de ese año, la logística de seguridad fue relativamente sencilla. ya entonces policía judicial se encargó de vigilar estadios y alrededores, y le cuidar a los jugadores.
Salvo un incidente donde los hooligan aventaron muebles y objetos desde el segundo piso de un hotel en la zona rosa, la fiesta futbolera transcurrió en paz.
Eran otros tiempos y muy otras la situación. Había control en las calles, solo delincuentes comunes, muchos de ellos de ocasión, no se conocían ejecuciones, pues la mayoría de los homicidios eran pasionales, producto de viejas rencillas, hoy impulsados por el calor de las copas.
Pero en los últimos 42 años se rompió totalmente ese equilibrio y ahora cualquier ciudadano es un sospechoso potencial, sujeto de vigilancia constante, la presencia del crimen organizado, el trasiego exagerado de drogas, la desigualdad social, la diferencia de gobernantes, él les encanto de la ciudadanía, son parte de ese caldo de cultivo que acabó con la tranquilidad en esta ciudad, y que ahora se refleja en esa necesidad de operativo es impresionantes de seguridad para proteger a los visitantes que vengan a ver fútbol.
Ojalá que exista saldo blanco, y una vez logrado ese triunfo, pues que de una vez permanezca la tranquilidad y la paz social en nuestra ciudad, sin ejecuciones en el momento más inesperado, sin asaltos, sin abusos de autoridad.
Se vale soñar.
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