viernes , febrero 3 2023

Casinos: El Gran Riesgo

Editorial |

Once Varas | Por: Obed Campos

Repetido hasta el cansancio es el adagio que dice que “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”, expresión que describe lo que muchas veces nos pasa a los mexicanos, incluso a los “léidos y escribidos”, quienes por ignorar las experiencias del pasado no vemos el tamaño del trompo que nos echamos a la uña.

¿Sabe usted quién va a ser el gran ganador si los casinos vuelven a la clandestinidad de antes? ¡Brujo! o ¡bruja! Los ganadores serían los integrantes de la delincuencia organizada, y no necesariamente los de cuello blanco, sino los mugrosos esos que ahora manejan clandestinamente carreras de caballos, palenques y peleas de perros.

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Y es que muy poca gente reconoce las positivas aportaciones que dejan los casinos, como negocios establecidos, formales y legales en Nuevo León.

Son aproximadamente 30 mil ciudadanas y ciudadanos los que tienen su empleo en la entidad gracias a las empresas dedicadas legalmente a esos negocios, los cuales dejaron, nada más en impuestos antes de la pandemia, más de mil millones de pesos etiquetados para la seguridad pública exclusivamente de Nuevo León.

Considere usted, por favor, que después del impuesto sobre la nómina (ISN), los recursos fiscales aportados por los casinos son los segundos en importancia en la entidad. El año pasado, del ISN se reportó una recaudación de 6 mil 462 millones de pesos.

Seamos realistas: a la gente le gusta apostar y de no es de ayer para acá. Hasta las ropas de Cristo se las jugaron a la suerte los soldados romanos que lo crucificaron.

Y esto no es un fenómeno exclusivo de México. Desde Montecarlo hasta Las Vegas y desde Filipinas hasta Nigeria se extienden los casinos, y los gobiernos y las sociedades se benefician cobrándoles impuestos con una visión que sostenga a lo largo del tiempo su aportación al erario, no explotándolos con una visión de corto plazo, como en Nuevo León, para que se acaben y dejen de dar ingresos al fisco.

Y vuelvo a la historia: ¿por qué se hicieron tan ricos los delincuentes de los años 20 y 30, en la época de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos? Pues a costa de la ley seca, que favoreció a bandidos como Al Capone, que amasaron verdaderas fortunas vendiendo el alcohol prohibido. Le recuerdo también que a Capone no lo condenaron por los homicidios ni por violar esa ley, sino por evasión de impuestos.

Así que, si se provoca el cierre de los casinos formales, la clientela migrará a los garitos y tugurios ilegales, que los hay y operan en el estado, y cuyos dueños y operadores se lamben los bigotes ante esta posibilidad.

Así que habrá que preguntar a nuestros diputados y miembros “brillantes” del Gobierno del Estado si ya le tantearon el agua a los camotes y si en lugar de copiar a Singapur, por ejemplo, con sus negocios de apuestas legales y bien regulados, nos queremos parecer más al Chicago de los años 30.

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